“El uso eficiente de la energía es reconocido como la medida mas efectiva, a corto y mediano plazo, para lograr una reducción significativa de las emisiones de CO2 y de otros gases de efecto invernadero”
La Revolución Energética propone explotar el potencial de eficiencia energética en la generación, distribución y consumo, y en todos los sectores (Residencial, Público, Comercial e Industrial) mejorando las prácticas actuales y las tecnologías para el futuro, asumiendo una continua innovación. El uso inteligente, no la privación, es la filosofía básica de la eficiencia energética.
Argentina es uno de los países de Latinoamérica con más emisiones de CO2 per capita. Esta casi todo por hacer en materia de eficiencia energética.
Para comenzar un proceso de incorporación de políticas de eficiencia energética es necesario comenzar con el cambio de lámparas incandescentes por lámparas que ofrecen la misma iluminación consumiendo un 75% menos de energía.
Las inversiones realizadas en los distintos sectores a partir del cambio de luminarias no implican un gasto adicional importante. Este permite ser amortizado en poco tiempo obteniéndose beneficios y ahorros considerables para el usuario.
La iluminación eficiente puede reducir tanto el consumo de energia como la demanda de potencia. La promoción de Lámparas de bajo consumo puede ayudar a postergar inversiones en la expansión del suministro eléctrico, importante para reevaluar el plan del gobierno basado en las peores opciones ambientales.
Mundialmente esta estimado que utilizamos entre el 12 y el 26% de nuestro consumo de energia eléctrica en iluminación. Nuestro país se encuentra en uno de los porcentajes más altos de estos: 25%. El cambio de luminarias por lámparas de bajo consumo es la medida mas rápida y redituable en este sentido, consumen en promedio 4 veces menos y tienen una duración entre 5 y 10 veces mayor que las incandescentes.
[r]evolución energética
Para cumplir con el objetivo de no superar los 2° C de aumento de la temperatura global se exige, por lo menos, una [r]evolución energética. La clave de esta revolución será un cambio en la forma de producción de la energía, su distribución y consumo.
Los cinco principios que implican este cambio son:
• Puesta en práctica de soluciones renovables, especialmente con sistemas energéticos descentralizados.
• Respeto de los límites naturales del medio ambiente.
• Desmantelamiento de fuentes de energía sucia y no sostenible.
• Mayor equidad en el uso de los recursos.
• Desacoplamiento del crecimiento económico del consumo de los combustibles fósiles.
Los sistemas descentralizados de energía, donde se producen electricidad y calor cerca del uso final, evitan el derroche actual de energía durante su conversión y distribución.
Estos serán el centro de la [r]evolución Energética, como también lo será la necesidad de proporcionar electricidad a los dos mil millones de habitantes del mundo que todavía tienen denegado el acceso a ella.

Para hacer realidad la [r]evolución energética y evitar los peligros del cambio climático, Greenpeace exige al sector energético:
• Poner fin a todas las subvenciones a los combustibles
fósiles y a la energía nuclear.
• Establecer objetivos de cumplimiento obligatorio para
las energías limpias.
• Otorgar beneficios definidos y estables a los inversores
en energías limpias.
• Garantizar el acceso prioritario a la red para los generadores
de energías limpias.
Cambios Climáticos
Se estima que en los próximos años, millones de personas a lo largo de todo el globo perderán sus hogares, sufrirán de hambre, escasez de agua y enfermedades debido al aumento de las temperaturas globales. Anualmente decenas de miles mueren por los impactos del cambio climático, y de seguir así las perspectivas son alarmantes.

Energía y Clima
La actual actividad energética tiene enormes impactos: lluvias ácidas, contaminación de mares y suelos, destrucción de bosques, residuos radiactivos, el cambio climático global y el agotamiento de recursos no renovables.
El calentamiento global es una de las peores amenazas que enfrentamos: se incrementan eventos meteorológicos extremos como sequías, huracanes e inundaciones, expansión de enfermedades y cambios climáticos que pondrán en crisis a los ecosistemas de todo el planeta. Su origen es el uso de los combustibles fósiles como gas, petróleo y carbón.
Es necesario un rápido abandono de esos combustibles.
Greenpeace propone un fuerte compromiso con la eficiencia energética y un cambio hacia las energías renovables y limpias: una verdadera [r]evolución energética.
Durante los últimos 100 años la temperatura aumentó 0,8° C. El 2005 fue el año record, le siguen el año 1998, 2002, 2003 y 2006. Los 15 años más calurosos desde que se tiene registro (1867) han ocurrido desde 1980. Los cuatro años más calurosos han ocurrido en los últimos cinco años.
Según el IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático, por sus siglas en ingles) la temperatura global aumentará entre 1,4 y 5,8 º C en el período 1990-2100. El calentamiento proyectado no tiene precedentes en los últimos 10.000 años.
¿Cuanto cambio climático estamos dispuestos a tolerar?
Acorde a las impactos estimados por el IPCC se puede evaluar que una elevación de la temperatura promedio global de 1° C – 2° C resultaría “el máximo tolerable” imprescindible para minimizar el daño del cambio climático.
Esta debería ser la meta que guíe las políticas a implementarse en materia de cambio climático. Aunque este aumento supone igualmente poner en riesgo a millones de personas de todo el mundo, es probablemente, la mejor alternativa que hoy tenemos a nuestro alcance.
Debido a la cantidad de gases que provocan el calentamiento global que ya se han emitido, enfrentaremos en las próximas décadas un aumento ya inevitable en la temperatura promedio global de entre 1,2 -1,3° C.
Tenemos que actuar muy rápidamente y realizar reducciones de emisiones muy radicales si queremos evitar los daños asociados con un aumento superior a los 2° C de la temperatura media global.
Esto significa comenzar a reducir ya mismo las emisiones. Desde una perspectiva moral, legal y práctica, los costos iniciales de la reducción de emisiones deben recaer en los países industrializados. Se requieren reducciones de al menos el 30% en relación con los niveles del año 1990 para el 2020 en los países industrializados, con una meta de reducción de al menos el 75% para mediados de siglo.
Globalmente necesitamos reducir el total de las emisiones en un 50% para mediados del siglo. Hacer esto es técnica y económicamente posible, lo único que falta es auténtico liderazgo y voluntad política.